¿Qué está pasando? es un artículo de Iñaki Gil de San Vicente publicado en la página 10 del diario EGIN del día 17 de julio de 1997 en la sección Kolaborazioak, dentro del Debate abierto por el diario con el título EN TORNO A LOS ULTIMOS SUCESOS.


      El texto es el siguiente:

      ¿Qué está pasando?

      La actual explosión de odio antiabertzale no es casual, o mejor dicho, no tiene como única y exclusiva causa la muerte de Miguel Angel Blanco. Desde hace mucho, mucho tiempo, padecemos una intensa y extensa campaña de agitación antivasca. Pero no sólo de agitación propagandística. También sufrimos tremendos ataques represivos. Unos son directamente coercitivos, otros lo son indirectamente pero con una enorme carga de futuro por cuanto condicionan muy negativamente el porvenir de nuestro pueblo. En síntesis, lo que está pasando es que ahora se manifiesta de forma brutal y desnudo uno de los objetivos tácticos del sistema represivo inaugurado por el PP: aumentar al máximo la presión psicosocial para, en su momento, legalizar "democráticamente" el definitivo estado de excepción. Este método ya fue usado antes, cuando sucesivas leyes represivas, oficialmente "excepcionales" y "transitorias", eran impunemente permanentizadas e integradas en el arsenal oficial. Para siempre.

      Ya antes de que el PP accediera al Gobierno de Madrid, prestado por los poderes fácticos, funcionaba la campaña de agitación sistemática del irracionalismo, del odio, de la creación de un clima de psicosis histérica típica del apoyo de masas alienadas a los regímenes fascistas y ultraautoritarios. Un simple repaso de las hemerotecas nos mostraría inmediatamente el ritmo celérico de esa campaña. El PP, sin embargo, ha añadido factores, métodos y objetivos nuevos. El PP se sabe fuerte, dispone de una mejor centralización del mando represivo. Tiene la aparente ventaja de unos manipulados y falsos resultados económicos. Cuenta con las nuevas aportaciones en tecnología represiva experimentadas en otras partes del mundo. Pero, sobre todo, el PP ha sido puesto en el Gobierno para hacer lo que está haciendo. Más temprano que tarde, cogiendo como excusa cualquier atentado o acontecimiento, habríamos asistido a esta explosión de miseria humana.

      Podríamos comparar la situación actual con la época en la que jaurías de lobos fascistas, los famosos "incontrolado", golpeaban a sus anchas, antes de la aparición de los GAL. También podíamos comparar este terrorismo con los actuales asaltos a las sedes abertzales. Veríamos así los adelantos represivos realizados. Pero como más fácilmente descubriremos la tendencia objetiva a la extensión e intensificación represiva, es comparando los sucesivos planes de la UCD, del PSOE y del PNV, con lo que ahora acontece, aunque, y esto es muy significativo, el PP no haya hecho público ningún texto oficial sobre su estrategia y sistema represivo. Gradual pero imparablemente, se han abandonado los formalistas llamamientos a la "presión democrática y pacífica" para forzar la directa legitimación del linchamiento, tras haber identificado la cabeza de turco, el chivo expiatorio, el perverso causante de todos los males. Aquí, en este repaso histórico, como en todo, encontraríamos lo viejo, lo permanente y lo nuevo. Y es eso, esa continuidad represiva estratégica, y las innovaciones realizadas, la que ahora ha dado un salto más en su aplicación contra Euskal Herria.

      Porque no es verdad lo que dice la propaganda del régimen: "vascos sí, ETA no". La ofensiva española va contra todo lo vasco, contra la identidad histórica de nuestro pueblo. Recientemente la débil y apocada izquierda estatal cree haber encontrado la explicación de todo lo que sucede con la teoría del pensamiento único. Para los vascos siempre ha existido un pensamiento único: el español y el francés. Para las mujeres siempre ha existido un pensamiento único: el del patriarcado. Para las minorías, grupos, clases y pueblos negados en su pensamiento independiente, siempre ha existido un pensamiento único: el del poder que les machaca. Por todo esto, porque España sólo admite lo suyo, lo que cree que siempre ha sido, es y será de ella, de su única propiedad, la ofensiva actual va contra todo lo vasco. Va contra otra nación, otra cultura, otra forma de pensar, sentir, actuar y decidir.

      Esta ofensiva es tanto más rabiosa y hasta desquiciada porque no puede comprender que los vascos seamos sólo vascos, y encima, lo seamos cada vez más. En estos momentos es más necesario que nunca rescatar del olvido los cada vez más abundantes estudios, sondeos y encuestas oficiales que muestran el crecimiento imparable, diferente en sus ritmos y muy rico y diverso en sus formas, de la identidad vasca. Una de las razones del desesperado reforzamiento institucional de todo lo español, es ésa. Pero ahora debemos centrarnos en dos áreas precisas sin menospreciar otras. Las reacciones viscerales, genocidas, contra los prisioneros vascos no nacen sólo de la fría estrategia de la dispersión global y destrucción individualizada, también del profundo contenido inasimilable que tiene para el pensamiento español la dignidad y la coherencia ético-moral de los prisioneros vascos. El choque entre esa dignidad y el aparato estatal es una de las expresiones prácticas y simbólicas más densas en significados y contenidos. Por eso, no es casual en absoluto que el actual salto en la ferocidad se haya dado al amparo de una acción de ETA incomprensible fuera de la reivindicación de los elementales derechos de los prisioneros. España no podía tolerar el innegable ascenso de la demanda, de la exigencia popular en este tema.

      Además, unido a ello, tampoco podía tolerar la clara iniciativa abertzale en propuestas democráticas y totalmente factibles de resolución del conflicto. Una vez más miremos al reciente pasado. Desde hace tres o cuatro años, la izquierda abertzale está dando nuevos pasos concretos en la oferta a la sociedad vasca, al Estado y a las instituciones internacionales de alternativas de solución. Sólo lo está haciendo la izquierda abertzale. Nadie más. Ya lo hizo desde hace años, pero en los últimos su esfuerzo de adecuación a los tiempos es innegable. Tampoco se comprende lo que está pasando sin la línea de ofertas de ETA, la más reciente de las cuales, el inicio de un proceso constituyente, ha descolocado al Estado. Los inmensos y pétreos muros de contención levantados para detener la marea colectiva a favor de una solución negociada, se cuarteaban desde sus cimientos. Había que hacer algo. Más temprano que tarde, con cualquier motivo, se pondrían en marcha las fuerzas irracionales que se habían azuzado conforme a un plan estratégico.

      El brujo estatal ha invocado a las fuerzas ciegas y omnívoras del terror. Ha tenido el apoyo incondicional del PNV, UPN y EA, que han actuado como aprendices de brujo. En éstos, como en todos lo casos similares, cuando se abre la caja de Pandora, los primeros rayos y relámpagos pueden ser orientados hacia un objetivo preciso, pero una vez que el monstruo, el Moloch que asoma de las profundidades del odio, se ha embriagado con el cálido sabor de la sangre, exigirá más y más. Mirará a las bases menos españolizadas de esos partidos, se relamerá y les amenazará si no se humillan y se postran más y más, pero nunca suficiente, delante suyo. Sin embargo, la fiera no es invencible. La izquierda abertzale, nuestro pueblo en sí mismo, ha aprendido de y en las peores condiciones. Más aún, dejando despistes secundarios y sorpresas lógicas por la velocidad de los acontecimientos últimos, sobran los datos demostrativos de que muchos abertzales ya habían sentido y estudiado con antelación los temblores subterráneos causados por el despertar del monstruo. Le venceremos.

      Iñaki GIL DE SAN VICENTE

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